«¿Por qué siempre acabo con el mismo tipo de pareja?», «no entiendo por qué me cuesta tanto la cercanía», «le quiero pero a la vez no soporto que esté cerca todo el tiempo». Estas frases tienen una raíz común que la psicología clínica conoce desde hace décadas: el estilo de apego. Es uno de los marcos con mejor evidencia para entender por qué nos vinculamos como nos vinculamos.

En este artículo: qué son los estilos de apego, los cuatro patrones identificados desde Bowlby y Ainsworth hasta hoy, cómo afectan a las relaciones adultas y, lo más importante, si se puede cambiar.

El origen: Bowlby y Ainsworth

John Bowlby, psiquiatra británico, formuló en los años 50 la teoría del apego: los bebés humanos están biológicamente programados para buscar proximidad con sus cuidadores y la calidad de ese vínculo configura, entre otras cosas, sus modelos internos de «qué puedo esperar de los demás» y «qué tipo de persona soy yo». Esos modelos perduran y se reactivan en relaciones íntimas adultas.

Mary Ainsworth, su colaboradora, identificó experimentalmente los patrones de apego en niños mediante el procedimiento de la «situación extraña». Posteriormente Hazan y Shaver (1987) extendieron el modelo a las relaciones románticas adultas. Los cuatro estilos clásicos:

Los 4 estilos de apego

1. Apego seguro (~55-65% población)

Personas que de niños tuvieron cuidadores disponibles, sensibles y consistentes. Como adultos:

  • Confían en el otro y en sí mismos.
  • La intimidad no les asusta.
  • La separación no les derrumba.
  • Comunican necesidades con claridad.
  • Toleran bien tanto la cercanía como la autonomía.

No quiere decir que sean perfectos: tienen conflictos como todo el mundo. Pero su sistema de apego no se desregula con facilidad. Es el patrón «objetivo» que se trabaja hacia desde otros estilos.

2. Apego ansioso (~15-20%)

De niños tuvieron cuidadores inconsistentes: a veces presentes y atentos, a veces ausentes o distantes. El cerebro infantil aprende: «el afecto existe pero es impredecible, hay que estar muy atento». Como adultos:

  • Hipervigilancia hacia las señales de la pareja (cualquier cambio se interpreta como abandono inminente).
  • Necesidad de mucha cercanía y validación constante.
  • Ansiedad cuando la pareja tarda en responder, está distante o tiene tiempo propio.
  • Tendencia a anteponer las necesidades del otro a las propias para mantener la cercanía.
  • Patrón asociado a dependencia emocional.

3. Apego evitativo (~20-25%)

De niños tuvieron cuidadores que respondían poco a sus necesidades emocionales o que las desalentaban activamente («no llores», «tienes que ser fuerte»). Aprendieron a desactivar el sistema de apego para no sufrir. Como adultos:

  • Incomodidad con la intimidad emocional profunda.
  • Tendencia a mantener distancia emocional aunque haya cercanía física.
  • Valoran mucho la independencia y la autosuficiencia.
  • Cuando aparece intensidad emocional en la relación, se retiran.
  • Suelen ver a las parejas ansiosas como «demasiado intensas» o «necesitadas».

4. Apego desorganizado (~5-10%)

El más complejo. De niños tuvieron cuidadores que eran simultáneamente fuente de afecto y de miedo (negligencia, abuso, trauma). Aprendieron a desear y temer la cercanía a la vez. Como adultos:

  • Comportamientos contradictorios: buscan la cercanía y a la vez la sabotean.
  • Reacciones emocionales intensas y a veces caóticas.
  • Patrones relacionales muy inestables.
  • Frecuentemente asociado a trauma temprano y a algunos cuadros clínicos.

Requiere abordaje terapéutico específico, frecuentemente integrado con técnicas de procesamiento de trauma (EMDR).

El «baile» entre estilos en pareja

Los estilos no son aleatorios en las parejas. Hay combinaciones más frecuentes:

  • Ansioso + evitativo: la combinación más común y más conflictiva. La persona ansiosa busca cercanía, la evitativa se retira; cuanto más busca una, más se retira la otra. Es el «baile» descrito por Sue Johnson, padrina de la EFT (Emotionally Focused Therapy).
  • Seguro + cualquiera: la persona segura tiene capacidad de «regular» la dinámica. Las parejas seguro-ansioso o seguro-evitativo tienden a estabilizarse mejor.
  • Ansioso + ansioso: alta intensidad emocional, mucho conflicto pero también mucha conexión. Pueden ser relaciones fuertes pero agotadoras.
  • Evitativo + evitativo: relaciones cómodas en superficie, pero con poca profundidad emocional. Pueden durar décadas sin que ninguno se haya sentido del todo conocido.
Claridad y reconexión con la naturaleza

¿Se puede cambiar el estilo de apego?

Sí. La investigación muestra que el apego es relativamente estable pero modificable. Lo que las y los terapeutas llaman «apego seguro adquirido»: personas que vienen de patrones inseguros (ansioso, evitativo, desorganizado) y desarrollan, con trabajo terapéutico o experiencias relacionales reparadoras, un funcionamiento de apego seguro.

Las dos vías documentadas:

1. Una relación reparadora

Tener una relación significativa (pareja, terapeuta, amistad profunda) con alguien con apego seguro produce, con tiempo, cambios reales en el patrón propio. El sistema aprende: «puedo confiar en una respuesta consistente». Es lento pero ocurre.

2. Trabajo terapéutico

En consulta, una de las experiencias más eficaces para modificar el apego inseguro es la propia relación terapéutica: un vínculo que es consistente, sin retiradas, sin imprevisibilidad, sin manipulación. El sistema usa esa experiencia como «modelo» y se reorganiza progresivamente.

En paralelo, el trabajo cognitivo: identificar las creencias nucleares («no soy digno/a de cariño consistente», «si me acerco demasiado me harán daño»), trabajar el origen, reformularlas.

Cómo identificar tu propio estilo

Existen tests validados (el más usado, el ECR-R: Experiences in Close Relationships – Revised). Como aproximación, tres preguntas útiles:

  1. Cuando tu pareja tarda en responder, ¿qué sientes? Tranquilidad razonable (seguro). Ansiedad creciente, pensamientos de que algo va mal (ansioso). Indiferencia o alivio porque tienes tu espacio (evitativo).
  2. ¿Cómo es para ti la intimidad emocional profunda? Cómoda y deseable (seguro). Necesaria pero ansiógena (ansioso). Incómoda, prefiero distancia (evitativo).
  3. Tras una discusión, ¿qué tiendes a hacer? Buscar resolución, hablar (seguro). Insistir en hablar inmediatamente, ansiedad si no se resuelve ya (ansioso). Necesitar espacio, retirada (evitativo).

Pocos tienen un estilo «puro»: la mayoría tendemos a un patrón principal con elementos de otro.

Cuándo conviene trabajarlo en terapia

  • Has tenido varias relaciones con el mismo patrón disfuncional.
  • Tu estilo de apego está generando sufrimiento sostenido a ti o a tu pareja.
  • Identificas patrones de apego en tu infancia que sospechas están afectando tu vida adulta.
  • Estás en una relación con un patrón ansioso-evitativo que no avanza por más esfuerzo que pongáis.
  • Hay trauma temprano de fondo que sospechas está afectando tu capacidad relacional.

El trabajo de apego es uno de los más profundos en psicoterapia, y también uno de los que más libera cuando se hace bien. Una llamada gratuita de orientación sirve para evaluar tu caso.

Conclusión

El estilo de apego es uno de los marcos con mejor evidencia para entender por qué nos vinculamos como nos vinculamos. No determina el destino: es modificable, especialmente con experiencias relacionales reparadoras y/o trabajo terapéutico. Reconocer el propio patrón es el primer paso. La buena noticia: la mayoría de personas que llegan a consulta con apego inseguro pueden desarrollar, con tiempo y trabajo, un funcionamiento de apego seguro adquirido.


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Rocío Trillo Holgado, Psicóloga General Sanitaria col. M-35760

Sobre la autora

Rocío Trillo Holgado es Psicóloga General Sanitaria colegiada en el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (col. M-35760), instructora de Mindfulness y Coach Psicológico. Formada en la UNED (Grado), Universidad Europea de Madrid (Máster en PGS), Universidad Complutense (Mindfulness en Salud · Coaching) e Instituto Español EMDR. Acompaña a personas adultas en procesos de ansiedad, depresión, autoestima, dependencia emocional, crisis profesional y duelo, en consulta presencial en Madrid (Plaza de Manuel Becerra, distrito Salamanca) y online por videoconsulta.